Los rituales conscientes, y no la prisa, sostienen nuestro ritmo y transforman las empresas.
Como persona creativa, llena de mil ideas donde mucho me apasiona y me involucro en los proyectos que me enamoran, me doy cuenta de que a veces —la mayoría— me dejo llevar por el ritmo de avanzar, hacer, correr y sentir que voy tarde.
Pero lo que me sostiene no es esa prisa, son mis rituales (esos que, por correr, a veces dejo de lado). El té que se toma despacito, escuchar al yigüirro antes de que llueva, los ejercicios de la mañana o incluso esa pausa consciente antes de dormir. Me refiero a eso que se repite pero que no es automático, sino consciente. Eso que no depende de la inspiración, sino de la intención. Eso pequeño, bien diseñado, que transforma el campo.
Y así también funciona las organizaciones. El ritmo no es velocidad, es constancia. La pausa antes de decidir, la conversación de cuando nos escontramos, la música que respeta al otro o bien la compartirmos. Llevar lo difícil a la mesa, detenerse y decir “buenos días”. Esos pequeños rituales son los que se vuelven "rebeldes" ante lo rápido de nuestros días.
Lo pequeño sostenido en el tiempo cambia sistemas; confesé algunos de mis rituales ¿Vos tenéis rituales que sostienen el ritmo de tu día? Compartirlos da idea a los demás.
Este fin de semana Trevor Noah en su especial de comedia de Netflix, "Joy in the Trenches" repitió varias veces y me resonó: "Solo porque suceden cosas grandes no significa que las cosas pequeñas se detengan". y recorde este post que hace un tiempo hice y me traje para acá. ;-)
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